Hace poco conversaba con alguien sobre la autenticidad y coincidíamos en lo complejo que es ser auténtico, no solo porque vivimos en una sociedad que invita a ser constantemente felices e hiperproductivos o por vivir en un mundo plagado de posts inspiradores y rostros filtrados, sino porque en muchos casos nos cuesta aclarar nuestra propia identidad. Sin el ánimo de mucho tecnicismo, en la etimología de la palabra “autenticidad” encontramos pistas sobre esa cualidad de ser auténticos, de responder a nosotros mismos, de algo cierto y original; también se asocia filosóficamente a nuestra identidad, nuestra verdad y nuestro ser real.

Hablábamos sobre ese reto de conocernos y aceptarnos tal cual somos: con luces y sombras, con talentos y oportunidades, con logros y fracasos, con cosas que nos enamoran y otras que nos espantan, hablábamos de nuestra polaridad divina, pero sobre todo de la valentía que para lograr ser una persona auténtica se requiere. No es tan común y nos puede ser difícil a muchos, pero es atractivo, liberador y tremendo regalo. Que les parece esta sugerencia para celebrar amor y amistad, para celebrar con alguien: regálense autenticidad; permítanse ser, ser con el otro y permítale ser al otro… ¡Que regalazo!

Hace poco conversaba con alguien sobre los miedos, quien después de muchos años de no creerse capaz de hacer algo, se atrevió, me escribió, y una de sus frases fue: “Esto para mi es un regalo de amor propio”; me resonó y me dejó toda una noche pensando en ese puñado de palabras y más en esta época. Usualmente cuando celebramos amor y amistad lo hacemos jugando “amigo secreto”, comprando un detalle a nuestra pareja, haciendo un plan con amigos o hasta de pronto tengamos una posición crítica de esta tradición y decidamos no celebrar nada; pero en esencia le regalamos algo a alguien más. ¿Y qué tal si celebramos amor y amistad con nosotros mismos? ¿Será muy loco vivir amistosamente consigo mismo?. Acá les dejo otra sugerencia para celebrar amor y amistad consigo mismo, para celebrar solos: ámense así como son, auténticos; véanse cómo ven a un entrañable amigo y apuesten por ustedes mismos; aprecien y crean en su propio proceso, así esté resultando o no como usted quisiera. ¡Que regalazo!

Hace poco conversaba con alguien sobre la diversidad. Específicamente sobre la diversidad de pensamiento. Y acá va una idea diversa, contraria a la corriente ampliamente aceptada en el mundo corporativo: el balance vida-trabajo no existe. Cuando trabajamos, vivimos. En nuestras vidas, trabajamos. No se le quita a uno para darle a lo otro. Pero más allá de postular argumentos a favor o en contra de esa idea se trata de probar, cuestionar, intentar, pensar o hacer cosas diferentes a las que estamos acostumbrados o la sociedad nos impulsa a aceptar. Probemos algo diferente: que la ingeniera se saboree un poema, el rockero se baile un reggaetón o el ateo explore la existencia de un Dios… y viceversa; probemos algo por el estilo, que nos sacuda un poco nuestra forma de estar en el mundo. Una sugerencia para celebrar amor y amistad, para celebrar con todo: váyase para la otra orilla, quizá descubran un nuevo amor, encuentren una amistad o una verdad oculta de su identidad. ¡Que regalazo!

Un regalo como estos no “hace poco”, por el contrario hace mucho, y no solo en los demás sino en nosotros mismos. Quizá hasta hagan magia. Y si hay incredulidad en regalar/regalarse autenticidad, amor propio o disfrutar de la diversidad de la vida, los invito a que se pongan a conversar sobre esos temas. Regálense la oportunidad de descubrir cómo darle amor a esa amistad y amistad a esos amores, empezando por usted mismo.

Nota: la palabra amistad viene de una raíz latina que significa “cualidad de amigo”. La palabra amigo se deriva del verbo “amare”… ya se imaginarán de que se trata.

Nicolás González Restrepo

Titán del Relacionamiento

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