¡Qué miedo este artículo!

Quedarse sin empleo, tomar decisiones importantes, iniciar la universidad, incluso algo más simple como darse la oportunidad de fluir, situaciones que tienen en común la muy temida emoción del miedo. Claramente usted podrá estar pensado que alguna de estas situaciones no las considera miedosas, le aseguro que, así como se puede variar la situación, también se puede variar en las formas de sentir el miedo, no siempre es igual, no siempre es la misma intensidad y no siempre genera la misma reacción, pero para algunas personas como yo, el miedo es una emoción que nos acompaña constantemente.

La respuesta al miedo es automática, es decir que no la activamos voluntariamente, y creo que de ser así, nuestros aprendizajes culturales nos mantienen en una constante emoción de miedo activada, la cual puede existir bajo dos términos estrictos, ya sea vivir sin miedo a nada o con extremo miedo a todo; ¿por qué no hay puntos medios? porque en la adolescencia nuestros padres, la cultura, la televisión o a quien cada uno prefiera atribuir, nos enseñaron a tenerle miedo a estar solos, a salir muy tarde en la noche, a las drogas, al licor, sin tener presente que esa forma de obligarnos a ver el mundo bajo el terrorífico miedo solo creó adultos con miedo a vivir, miedo a hablar de lo que es importante o miedos a enfrentar situaciones aparentemente simples; miedos posiblemente creados en personas con crianzas diferentes. De adultos la vida, quizás a los golpes, nos va enseñando que ese mundo tan tenebroso al final no lo era tanto y que el miedo no es más que una respuesta natural de nuestro sistema límbico, el cual “se activa cuando detecta una posible amenaza real o supuesta, presente, futura o incluso del pasado. Se trata de una respuesta útil y adaptativa que conlleva cambios en el funcionamiento de nuestros comportamientos, pensamientos y cuerpo”

https://www.imbanaco.com/el-miedo-la-emocion-que-se-convierte-en-un-sentimiento/

Cuando inicié la carrera en psicología me hice consciente de la mala relación que tenía con mis propias emociones, intenté culpar a mis padres, a la cultura, a la televisión, pero de poco o nada servía encontrar este culpable, cuando esa respuesta no cambiaría a los miles de personas que ya fuimos víctimas de un proceso en el que no era negociable sentir libremente y sin condenar o limitar el miedo; por esta razón me puse en la tarea de averiguar ¿qué pasaría si no sintiéramos miedo? O mejor aún ¿para qué nos sirve este? Y claramente me encontré con grandes bocanadas de realidad, entendiendo que el miedo puede llegar a convertirse en una enfermad, puede llegar a “limitar e interponerse en el disfrute de una persona y en caso de que sea excesivo, puede llegar a bloquear y a impedir el transcurso de una vida normal. De hecho, muchos de los trastornos más habituales tienen como origen el miedo a una situación real o posible, como la ansiedad, las fobias o los ataques de pánico”.  Justo en ese momento tuve que dejar de romantizar el miedo y trasladarme a la empatía, donde primero fue necesario entender que todos los casos y las realidades son diferentes y merecen que les demos un caso especial para lograr generar la suficiente conciencia en cada uno de hablar libremente de lo que sentimos o creemos sin la presión de ser juzgados.

https://www.abc.es/bienestar/psicologia-sexo/psicologia/abci-miedo-202005200827_noticia.html#:~:text=ser%20muy%20real.

Paul Ekman, creó el atlas de emociones en el que intentó dar a conocer las emociones primarias por las cuales atravesamos todos los seres humanos durante toda nuestra vida, todo esto a petición del Dalai Lama quien tenía la firme convicción de crear conciencia frente a esa relación, lograr reconocer que desataba estas emociones y cómo reaccionábamos frente a estas; a nivel personal la enseñanza más firme que tuve frente a este, es la fuerte convicción de hacer partícipe a la conciencia en todos los procesos que de transitar emociones se trata, entender que no consiste en eliminar lo que sentimos física o emocional, si no utilizar la conciencia como aliado estratégico que nos ayude a comprender todo aquello por lo que atravesamos y lograr generar relaciones sanas incluso con esas emociones incomprendidas.

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