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Antes que nada, quiero decirte que quien te dijo que “trabajar es tan maluco que por eso te pagan”, te mintió. La sociedad nos ha querido vender la idea de que trabajar representa sufrimiento y que vivir haciendo algo que amas o disfrutas es un privilegio de pocos. No estoy aquí para decirte que es posible estar feliz todo el tiempo haciendo tu trabajo, porque en realidad no es posible estar feliz todo el tiempo en ninguna de las esferas de nuestra vida. La felicidad trasciende y va más allá de ser un estado permanente, pero ese es otro tema; el punto aquí es que disfrutar de lo que hacemos es una decisión como todo en nuestra vida.

Cada uno de nosotros es amo y dueño de sus emociones y, aunque suene cliché, se trata de un asunto de perspectiva pues como dice la canción “de según cómo se mire todo depende”. ¿Depende de qué? De cómo elijas mirarlo. No importa la labor que desempeñes, en ese hacer hay grandeza, solo que culturalmente esto no nos lo enseñan.

Durante el 2020, este fue un gran aprendizaje. El mundo se dio cuenta del gran valor que tienen diferentes labores que por años fueron vistas como algo “del común”. Las personas que nos atienden en las tiendas y supermercados, el personal del aseo y los domiciliarios, por poner algunos ejemplos de labores que se volvieron imprescindibles en este tiempo.

Esto nos lleva a una reflexión… Si los líderes de las compañías también se dieran cuenta del valor de cada tarea que realiza cada uno de los integrantes de su empresa y los acompañaran a descubrirlo y conectarse con el propósito que hay detrás de su labor, a través de la formación en el ser, literalmente para todo el mundo trabajar sería otro cuento y los chistes que dicen “trabajo porque tengo más deudas que ganas de vivir” o “la vida es todo eso que sucede mientras trabajas”, serían solo eso, chistes y no anécdotas del día a día que reflejan el sentir de millones de empleados alrededor del mundo. Hay muchas formas de comenzar a ver grandeza en nuestra labor, creo que la primera, y que en lo personal me funcionó en diferentes momentos de mi vida, es preguntarse a quién impacto con esta tarea -y ser honesto y no modesto con la respuesta-.

Por ejemplo, pongamos el caso de algún asesor de call center, trabajo conocido normalmente porque quienes lo realizan lo padecen; si un asesor se pregunta a quién impacta con su llamada, podría rápidamente contestar que a quien está llamando o de quien está recibiendo la llamada, pero, va más allá. Piensa en esto: en realidad está impactando a quien contesta y la familia de esta persona, porque, ya sea para cobrar o vender, la decisión que esta persona tome, impacta a su círculo cercano. Además, al mismo tiempo está impactando a su propia familia, porque al realizar su trabajo, seguro genera bienestar de alguna forma a sus padres, esposo o esposa, incluso, hijos si es el caso y, como si fuera poco, impacta la vida de todos los integrantes de la compañía, pues hacer su labor permite que esos otros miles tengan un empleo y así, incluso, toca a las familias de sus compañeros de trabajo.

Que quede claro, no estoy romantizando nada. Es una observación detallada y sin minimizar, por eso es imprescindible que todas las personas hagamos ese análisis de que nuestra labor por muy “mínima” que nos pueda parecer, siempre va a tener un impacto.

Nuestras acciones y cada decisión que tomamos impactan a miles de personas y en eso hay un gran poder y una gran responsabilidad, por esto, sin importar tu cargo o labor, puedo asegurarte que: cuando haces tu trabajo, estás cambiando el mundo. La pregunta acá es:

¿lo estás cambiando por el mundo en el que sueñas estar?

Diana Velilla – Titán del arte

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