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¡Gracias! Una palabra que aparece en nuestro vocabulario desde muy chiquitos, usada casi todos los días en la cotidianidad (al menos yo la uso todos los días). A mi parecer que por ser tan coloquial ha sido subestimada, actualmente respondemos ¡gracias! de forma automática; se nos cae un lapicero y alguien lo recoge y respondemos <gracias>, alguien nos pregunta como estamos y respondemos <bien, gracias y usted> y así por el estilo…si tan solo supiéramos el poder de la gratitud, nos tomaríamos el tiempo de sentir, más allá de solo responder.

Entonces, vamos allá, reconozcamos qué es la gratitud: Según la etimología de la Palabra «gratitud» se deriva del latín «gratia», que significa «favor», y de «gratus», que significa «agradable» o «grato». Así que, más allá de dar las gracias por recibir algo, es una sensación sentida de asombro, agradecimiento y aprecio por la vida – Robert Emmons

Así pues, al no solo pensar sino sentir la gratitud, trae beneficios tanto a nivel físico como mental y espiritual, hay muchos estudios de ello, por ejemplo el investigador Robert Emmons lleva más de 20 años en este campo.

Ahora bien, ¿Cómo impacta esto tan bonito en lo organizacional? Al menos un 32 % de los trabajadores entre 23 y 38 años asegura que en los próximos seis meses buscará otra oportunidad laboral, debido a que no obtiene agradecimiento por las actividades que realiza en su empresa, según datos de la compañía de gestión de talento Cornerstone OnDemand. Y esto sucede porque los seres humanos tenemos una necesidad de reconocimiento. En la pirámide de Maslow, esta es la cuarta necesidad y se trata de aquellas que hacen que la autoestima aumente y aporten seguridad. El reconocimiento, el respeto, la confianza o el éxito son algunas de ellas.

Desde mi punto de vista, una de las formas más cercanas, genuinas y movilizadoras del reconocimiento es la gratitud.

Cuando agradecemos en el ámbito empresarial:

  1. Generamos lazos más fuertes entre los compañeros. Cuando motivamos a que las personas expresen qué es lo que valoran del otro se logra conectar profundamente, reforzando las relaciones personales.
  1. Aumenta el sentido de pertenencia. En una organización donde las personas sientan que su labor es vista y apreciada se observa una alta identificación con la empresa como colectivo, sus valores, su cultura, llegando a la sensación de ser parte de “algo”.
  1. Ayuda a prolongar la sensación de bienestar dentro de la compañía, es decir, que no esté ligada únicamente a momentos puntuales como la llegada de un bono, un ascenso o la fiesta anual, sino que las personas puedan conservar la sensación de aprecio por la compañía de forma sostenida.
  1. Mueve a los colaboradores a ser más serviciales. En un estudio de Sonja Lyubomirsky (2007) se afirma que aquellos que tienen un hábito de gratitud son más propensos a servir a otros. ¿Por qué? La gratitud aumenta la seguridad en nosotros mismos y queda energía disponible para entregar a otros.

Como mencioné, la gratitud puede transformar las dinámicas de equipos, de hecho, desde Cultness, hemos sido testigos de ese poder y como impacta los equipos. Nosotros mencionamos que los cambios humanos toman tiempo, son un proceso, sin embargo si hay algo que pueda generar un impacto inmediato es el taller de gratitud, en el que se guía a las personas a que se reconozcan ellas mismas de forma individual (esto es mágico porque muchas personas nunca se han dado chance de agradecerse por su caminar), grupal (para que se afiancen en los equipos) y por último reconocimiento al mundo y a lo que son como organización. Es mi taller favorito y espero que muchas más empresas se animen a darle la chispa que la gratitud puede traer a sus dinámicas.

Por último: gracias por leer hasta aquí, con amor,

Laura

Titán de la magia

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